Abrir correos, descargar archivos o conectarse a una red pública forma parte de la rutina diaria. En la actualidad, gran parte de la vida personal, académica y laboral se desarrolla a través de dispositivos digitales que almacenan y procesan información sensible.
Por ello, así como se prioriza el cuidado de la salud física, también es fundamental atender la protección de los datos y equipos.
En México, 100.2 millones de personas son usuarias de internet, lo que representa el 83.1 % de la población de seis años y más, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de la Información en los Hogares 2024 del INEGI. En este contexto de alta conectividad, la higiene digital se vuelve un tema central, ya que cada vez más información personal circula en la red.
El aumento en el uso de plataformas digitales también incrementa los riesgos. De acuerdo con especialistas, es necesario reducir vulnerabilidades y adoptar medidas de protección ante posibles amenazas en un entorno cada vez más interconectado.
La higiene digital, explican, consiste en un conjunto de buenas prácticas que permiten mantener los datos seguros y los sitios en buen funcionamiento, incluso sin ser experto en tecnología.
“Higiene digital es el conjunto de buenas prácticas que permiten mantener la información segura y los dispositivos funcionales, incluso si no somos expertos en tecnología. Hoy, todos almacenamos en la computadora o celular registros académicos, laborales o financieros, un objetivo muy atractivo para fraudes, robos de identidad o ataques informativos”, de acuerdo con la Universidad Autónoma Nacional de México (UNAM).
Riesgos y medidas para proteger la información
La protección digital se sostiene en tres pilares: confidencialidad, integridad y disponibilidad. Esto implica que la información sólo debe ser accesible para quienes están autorizados, que no pueda ser alterada sin permiso y que esté disponible cuando se requiera. Si alguno de estos elementos falla, aumenta la posibilidad de vulneraciones.
Otro punto crítico es el uso de contraseñas débiles o repetidas, ya que una filtración puede facilitar el acceso a múltiples cuentas, desde correos electrónicos hasta plataformas institucionales. Esto no sólo afecta a nivel individual, sino también a la infraestructura digital de organizaciones.
Ante este panorama, se recomienda adoptar hábitos básicos como mantener actualizados los sistemas, instalar herramientas de seguridad, descargar únicamente de fuentes oficiales, utilizar contraseñas robustas y activar la verificación en dos pasos. También es importante ser cauteloso al usar redes wifi públicas, evitando realizar operaciones sensibles.
Finalmente, la higiene digital no es sólo una responsabilidad individual, sino colectiva. Cada persona forma parte de una red más amplia, por lo que proteger la información también implica cuidar a quienes nos rodean.

