El mecanismo de YPF para contener precios en el contexto global
Dreizzen explicó que, a diferencia de otros momentos históricos, la política actual apunta a que los precios internos sigan la evolución internacional, pero admitió: “El precio de los combustibles líquidos en Argentina no está regulado. A diferencia del gas y la energía eléctrica, debería ir a libre mercado. ¿Cómo hizo el Gobierno históricamente para, entre comillas, manejarlo? Es YPF”.
Destacó que la petrolera estatal, con casi el 60% del mercado, cumple un rol central: “Si YPF no sube las naftas, si otro quiere subir, todos vamos a ir a cargar a YPF, entonces se altera la competencia interna”. Agregó que el esquema de acuerdos recientes apunta a que los productores vendan “a un precio un poco más bajo” como respuesta a la coyuntura internacional, y que cuando el conflicto se modere, “no va a bajar porque se compensa”.
El ingeniero comparó la situación con la de Estados Unidos: “En Estados Unidos subió justo 33%. Exactamente. Con lo cual, si se fuera al doble, tendría que haber subido 66%”. En Argentina, la estructura impositiva y los costos locales explican por qué la suba fue menor. “El 45% es impuestos”, precisó, en contraste con el 21% de carga fiscal en el mercado estadounidense.
El peso de los impuestos y el margen fiscal
Consultado sobre la posibilidad de reducir la presión impositiva como herramienta para aliviar al consumidor, Dreizzen fue contundente: “Estoy totalmente de acuerdo y para que sea una idea, en Estados Unidos es justo la mitad la carga impositiva. O sea, acá es 45% y allá es 21%”.
El ingeniero recordó que, aunque parte del impuesto debería financiar infraestructura vial, “hay una parte de ese impuesto que debería ir para las rutas y no va”. La presión tributaria, advirtió, representa el 3,3% de la recaudación anual, una cifra significativa en el actual contexto de disciplina fiscal: “El margen que está manejando el Gobierno para mantener un superávit fiscal es ínfimo. Lo charlamos varias veces, es 0,2% del PBI”.
Además, Matías Barbería sumó que una suba programada en el impuesto a los combustibles fue suspendida “por la guerra”, lo que de haberse implementado habría llevado el litro de nafta súper a $2.250 en la Ciudad de Buenos Aires, de acuerdo con estimaciones de Nadin Argañaraz.
Inversión petrolera, inflación y el impacto al consumidor
Dreizzen subrayó la importancia de la inversión en un sector marcado por la volatilidad y la inflación persistente: “El principal valor que mira una inversión petrolera es el precio, es la variable por excelencia. Y más en Argentina, donde estamos acostumbrados a mucha inflación y a mirar solo el corto plazo”.
Explicó que, si bien la estrategia busca proteger al consumidor, mantener precios alejados de los valores internacionales puede desalentar nuevas inversiones y, en el largo plazo, derivar en la necesidad de importar energía a valores más altos: “Si bajás la inversión, después te quedás sin petróleo y después terminás pagando, porque terminás importando miles de millones de dólares”.
La medida de YPF aparece, según Dreizzen, como un “amortiguador” temporal mientras persista la tensión internacional: “El precio de hoy no refleja el precio del barril internacional. Y aparte dijo que lo congelaba por cuarenta y cinco días, que justamente iban a venir los aumentos más fuertes que hubo en los últimos tiempos”.
A pesar de las restricciones, remarcó un aspecto positivo: “Van a entrar 4.000 millones de dólares más a la Argentina. La balanza comercial daba casi nueve mil y ahora da 13 mil, a estos precios si se mantienen hasta fin de año”. Y concluyó que la Argentina es vista hoy “como un lugar de donde puede venir energía segura”, lo que fortalece la posición del país en el mercado global.

