Una joven de 20 años, estudiante en el Valle del Cauca, se ha convertido en un símbolo de resistencia tras sobrevivir a un intento de feminicidio en el campus de la Universidad de Palmira. El testimonio de María José Valencia, que fue atacada por su expareja, pone en evidencia la magnitud de la violencia de género en Colombia y busca advertir a otras mujeres sobre las señales tempranas de peligro que suelen pasar desapercibidas.
La agresión sufrida por María José Valencia ocurrió en plena jornada universitaria en Palmira. Su expareja la sorprendió en el campus portando un arma de fuego, luego de semanas de vigilancia y acoso. Valencia relató a Noticias Caracol que las señales de alarma se manifestaron mucho antes del atentado: conductas posesivas, celos constantes y un patrón creciente de control.
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Durante ese periodo, el agresor no solo la seguía a la universidad, también vigilaba los lugares donde solía estar, incluyendo su propia casa. “Nosotras pensamos que el amor está en controlar, en molestar, en buscar, en insistir y eso era lo que viví yo, que en cualquier momento me llegaba a casa, que en cualquier momento me llegaba hasta la universidad misma y yo veía eso como que, ‘ah, ese hombre me ama’”, relató la joven a Noticias Caracol.
Un mes antes del ataque, Valencia notó una intensificación del acoso. El día del atentado, acudió al campus a pesar de sentir ansiedad y de la advertencia de su madre para quedarse en casa. Horas después, sus amigas la alertaron sobre la presencia del agresor en el recinto universitario. Al intentar alejarse, fue interceptada. El hombre le disparó en dos ocasiones: el primer proyectil atravesó su cuello y el segundo ingresó en su cráneo.
El ataque también involucró a otra estudiante: Sirley Vanessa López Loaiza, de 23 años, estudiante de octavo semestre de Licenciatura en Literatura, que resultó gravemente herida. Sirley falleció días después en el hospital debido a la gravedad de las lesiones.
La Universidad del Valle recordó a López Loaiza en un memorial: “Sirley era mucho más que una víctima. Era hija, amiga, estudiante, mujer joven llena de luz. Amaba las letras, creía en el aula como espacio de transformación. Soñaba con enseñar, con escribir, con cambiar el mundo. Y ese sueño nos lo arrebataron. Pero su legado sigue latiendo”, se lee en el documento citado por el medio de comunicación.
Durante la agresión, Valencia perdió la conciencia temporalmente. “Fue un momento muy espiritual para mí porque yo pensé perder la vida y le dije: ‘Dios, acompáñame, llévame a tu lado’. Y no fue así”, narró. Una persona se acercó para auxiliarla y, según el testimonio de la joven, oró a su lado, lo que le permitió recobrar la calma y las fuerzas para sobrevivir.
El proceso de recuperación posterior ha sido extenso. Valencia tuvo que cambiar de residencia junto a su familia, iniciar tratamientos psiquiátricos y recibir medicación para manejar el trauma emocional. “Le agradezco enormemente a Dios permitirme tener esa familia, a esos padres, a mis hermanos”, expresó, reconociendo el rol esencial de sus seres queridos durante la rehabilitación. También requirió terapias físicas para recuperar movilidad en el cuello.
Después de diez meses, María José Valencia decidió contar públicamente su historia a Noticias Caracol, impulsada por la convicción de que sobrevivir le otorga una nueva responsabilidad: la de advertir a otras mujeres sobre los signos de violencia en las relaciones.
“Quiero el día de mañana y el día de hoy con esta oportunidad de mostrarle a otras mujeres que pueden, de que pueden decir no, de que pueden salir de las relaciones por más tóxicas o desde un inicio con la mínima señal decir: ‘No’”, afirmó.

