Miles de personas llegaron a las iglesias y plazas del centro histórico de Lima durante el feriado de Semana Santa, donde el fervor religioso y las tradiciones familiares se combinaron con actividades litúrgicas y la restauración de espacios emblemáticos.
El jueves 2 de abril, la Plaza de Armas de Lima y el atrio de la Catedral de Lima se convirtieron en puntos de encuentro para familias, fieles y visitantes, según reportó Latina Noticias. El flujo de personas en los alrededores del centro evidenció el magnetismo que ejerce este sector durante los días santos. La afluencia incluyó familias completas, parejas y adultos mayores, quienes participaron de ritos católicos como la misa de lavado de pies y la adoración al Santísimo Sacramento.
Las medidas de seguridad para ordenar el ingreso a la catedral incluyeron vallas y un sistema de filas que evitó aglomeraciones. La restauración de templos y fachadas emblemáticas también fue un aspecto destacado durante la cobertura.
ProLima, el ente encargado de la recuperación de espacios históricos en la capital, continuó con obras en varias iglesias que presentaban signos de deterioro. La iniciativa busca revitalizar el patrimonio arquitectónico y fomentar la visita de limeños y turistas.
Las autoridades locales dispusieron rejas y puntos de control para facilitar el flujo peatonal en la Plaza de Armas y alrededores. La Semana Santa en Lima mantiene su carácter de evento religioso y social, donde la mayoría de los asistentes aprovecha el feriado largo para renovar la unidad familiar y las tradiciones católicas.
Cada Jueves Santo, miles de fieles participan en el tradicional recorrido de las siete iglesias, una costumbre de profundo arraigo en el Perú y en países de mayoría católica. Esta práctica, que reúne a familias y devotos, tiene su origen en Roma en el siglo XVI, cuando San Felipe Neri propuso visitar siete templos emblemáticos como forma de acompañar espiritualmente a Jesús en las horas previas a su crucifixión.
El sentido de esta costumbre es rememorar los distintos momentos que vivió Jesús desde la última cena hasta el Calvario. Tras la misa de Jueves Santo, en la que queda expuesto el Santísimo Sacramento para su adoración, los fieles realizan el recorrido por siete iglesias. En cada templo se medita un pasaje de la pasión de Cristo y se reza por sus intenciones. El número siete tiene una carga simbólica en la tradición cristiana, pues está presente en numerosos pasajes bíblicos y sacramentos.
Durante la peregrinación, las imágenes de los templos permanecen cubiertas con un manto morado, como señal de penitencia y recogimiento. La intención es centrar la atención exclusivamente en el sacrificio de Jesús, evitando distracciones visuales.
Cada estación representa un episodio del camino de Cristo: desde el Cenáculo y el huerto de Getsemaní, pasando por las casas de Anás y Caifás, hasta las comparecencias ante Pilato y Herodes, la condena y el trayecto hacia el Calvario. En cada iglesia, los fieles rezan y reflexionan sobre estos momentos, reforzando el sentido comunitario y espiritual de la Semana Santa.

